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La Guajira es uno de los 32 departamentos de Colombia, situado al norte del país y perteneciente a la región Caribe. Este departamento cuenta con 11 municipios donde viven un total de 846.641 habitantes. La Guajira alberga a la mayor cantidad de indígenas  del país, con un 20.02% de la totalidad nacional. La composición social es en más de la mitad interétnica, con un 44.9% de población indígena y un 7.5% de afrodescendientes. Tras cuatro décadas de mega minería en el norte de Colombia, las comunidades de La Guajira han sufrido la profunda transformación de su territorio por la actividad minera, y han experimentado consecuencias irreversibles. La intensa actividad de explotación de carbón a cielo abierto ha empobrecido los suelos, contaminado y agotado las fuentes hídricas, acabando de esta forma con la vocación agrícola y ganadera; además ha provocado la desaparición de poblados y el desplazamiento masivo de los pobladores originarios, entre los que se encuentran  las poblaciones afrodescendientes  de Tabaco, Roche, Patilla, Chancleta, etcétera, y resguardos indígenas como Tamaquitos.

Conflictos ambientales por el agua en el Departamento de La Guajira.

El agua se presenta como un bien en disputa en el departamento de La Guajira. A partir de la imposición del aprovechamiento minero de El Cerrejón, el agua ha sido sometida a procesos de privatización. Las comunidades Wayuú y afrodescendientes han sufrido los rpocesos de contaminación producto de la explotación carbonífera, y también han sido testigos de los procesos de apropiación de las aguas para el uso minero. La historia de los años de explotación de El Cerrejón refleja efectos contundentes sobre el agua. El proceso de extracción que tiene lugar en la región, se ha realizado sin tener en cuenta los mecanismos de control ambiental sobre el Río Ranchería que, siendo la casi única fuente superficial para el consumo humano y las actividades productivas de la región, es uno de los que más impactos ha sufrido por la industria del carbón, ya que la mina se encuentra asentada en la parte media de la cuenca del Río, alterando la actividad de éste en sus diversos tramos.

Privatización por apropiación de aguas y desaparición de fuentes.

Las comunidades afrodescendientes e indígenas señalan que en la actualidad se han perdido completamente entre 8 y 10 arroyos y quebradas producto de la minería de carbón, entre ellos Bartolico y Araña e’ Gato.  A otras fuentes superficiales les han cambiado el curso para el aprovechamiento minero, pudiéndose comprobar esta situación en los Arroyos Aguas Blancas y Tabaco. La privatización del agua, por la apropiación que se da de fuentes principales como el Río Ranchería, para distintas fases del aprovechamiento minero, se combina con los procesos de contaminación y en última instancia se configura una negación del acceso al Río y a las aguas en general en el Departamento.

Apropiación de las aguas en la construcción de la Represa El Cercado sobre el Río Ranchería.

La presa de 100 metros de altura y para un área de inundación de 638 HA, fue presentada y sostenida como un proyecto de infraestructura en San Juan del Cesar para abastecer nueve acueductos comunitarios y los sistemas de riego en los distritos Ranchería y San Juan del Cesar. Sin embargo, hasta la fecha no se tiene conocimiento  de la puesta en marcha de dichos proyectos, y lo que le ha quedado a la población, luego del llenado de la presa en 2010, es el aumento de enfermedades asociadas a la contaminación producto de procedimientos de llenado que estaban proyectados para 3 años y se realizaron en 3 meses, sin la apropiada remoción de biomasa al interior de la represa, lo que resultó en un proceso de contaminación ambiental y el aumento de enfermedades, entre ellas el dengue y la leishmaniasis. Los conflictos ambientales por el agua que tienen lugar en el departamento de La Guajira se presentan fundamentalmente por la combinación de las formas de privatización de las aguas, por la apropiación y contaminación producto del modelo extractivo minero de carbón a cielo abierto. El acaparamiento de tierras favorable al modelo minero – energético configura al mismo tiempo un escenario de acaparamiento de aguas, y de patrimonio natural que se entrega a los intereses corporativos. Este hecho representa una vulneración  sistemática de los derechos territoriales y comunitarios. La minería en Colombia, y la historia de extracción que se ejemplifica en la explotación de carbón en el norte del país, han generado despojo territorial que se ampara en la ausencia de marcos legales efectivos para el cumplimiento de los derechos territoriales; más bien, se configura la acumulación por despojo desde una arquitectura de la impunidad construida con las complicidad del Estado para el favorecimiento trasnacional.

Resistencia Guajira

La resistencia a la devastación ambiental y a las afectaciones territoriales por el modelo extractivo minero en La Guajira continúa día a día, desde la vida cotidiana de personas comunes y corrientes, campesinos, indígenas, afrodescendientes, hombres y mujeres que se resisten a abandonar sus tierras, a perder sus medios de subsistencia. Las comunidades se han opuesto a la salida de sus territorios. Ha sido un proceso difícil, pues además de los conflictos ambientales que han surgido por la explotación de carbón a cielo abierto, los campesinos, afrodescendientes e indígenas han soportado la presión de las empresas, y la división comunitaria que las estrategias empresariales  han generado para debilitar la vida en comunidad. La permanencia en los territorios ha sido fundamental, como la que han mantenido las comunidades de Chancleta, donde todavía permanecen más de 30 familias en la zona de influencia de la minería de El Cerrejón. Familias que se mantienen en sus territorios aun cuando en ocasiones no se les permite la entrada de agua potable y cuando los niveles  de contaminación afectan contundentemente la salud comunitaria. La vida se torna difícil, las condiciones para permanecer son mínimas, pero allí se prueba el tesón de las gentes, de las personas que se niegan a dejar lo que construyeron desde sus antepasados. Los pueblos de la zona intentan retomar el sentido de sus vidas, manteniendo las prácticas relacionadas con la caza, los cultivos de pancoger, el uso de las plantas medicinales. Es una lucha titánica en medio de la adversidad. Uno de los aspectos más importantes en la resistencia actual de los pueblos guajiros es la articulación interétnica de los últimos años. Las comunidades Guajiras han entendido que los problemas por la minería: el desarraigo, el desplazamiento, la contaminación, son comunes a las diferentes etnias y también a las comunidades campesinas, y que la unidad en sus acciones puede representar una mayor fortaleza para oponerse a los explotadores.